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Reflexiones en pandemia 2

Me gustaría hacer un apunte sobre algunas tradiciones de España. Después de leer el artículo “Instrucciones para no besarsede Íñigo Domínguez me dan ganas de mantener el distanciamiento para no besar por compromiso, ni obligación. No entiendo por qué las mujeres hemos practicado hasta hoy la costumbre española de dar dos besos a todo el mundo, en todo encuentro o presentación. Dar besos por tradición es una imposición triste e incómoda. Como dice el artículo, por supuesto que cuesta distanciarse y guardarse los besos que sí queremos dar. Pero esos no me preocupan, porque los daremos. Sin embargo, una vez hemos comprobado que podemos vivir sin dar besos que no queremos dar, reclamo la libertad de escoger a quién besamos cuando se levanten las medidas de prevención contra este coronavirus.

El filósofo Markus Gabriel nos invita a cambiar nuestra actitud una vez pasada la crisis en el artículo: “El orden mundial previo al virus era letal”. Me parece un buen enfoque porque se centra en algo que podemos hacer todos y cada uno de nosotros; entender que no hay fronteras porque todos nos enfrentamos a las mismas amenazas y los mismos retos. No hay escapatoria, todos compartimos el mismo mundo y debemos actuar en consecuencia. Al menos si tenemos el privilegio y estamos en circunstancias de poder elegir. Cito un extracto: “¿Por qué la solidaridad se despierta con el conocimiento médico y virológico, pero no con la conciencia filosófica de que la única salida de la globalización suicida es un orden mundial que supere la acumulación de estados nacionales enfrentados entre sí obedeciendo a una estúpida lógica económica cuantitativa? Cuando pase la pandemia viral necesitaremos una pandemia metafísica, una unión de todos los pueblos bajo el techo común del cielo del que nunca podremos evadirnos. Vivimos y seguiremos viviendo en la tierra; somos y seguiremos siento mortales y frágiles. Convirtámonos, por tanto, en ciudadanos del mundo, en cosmopolitas de una pandemia metafísica. Cualquier otra actitud nos exterminará y ningún virólogo nos podrá salvar”.

El artículo “La renta básica deja de ser una utopía” me ha multiplicado la esperanza de evolucionar hacia un mundo más justo con espacio para la igualdad. Cruzo los dedos, porque creo que la renta básica podría ser la mejor solución para salvar a las personas que más están sufriendo las restricciones laborales para hacer frente a la amenaza del coronavirus. El objetivo más que nunca debería ser proteger a las personas (más que a las empresas) cubriendo sus necesidades básicas. Espero que hagan bien los cálculos y esa renta sea lo suficientemente alta como para que la medida no sea un fracaso. Para aquellos que no estén familiarizados con esta propuesta o duden sobre su viabilidad, dejo un link a la web de una red de enlace entre individuos y grupos interesados en la renta básica en todo el mundo. Sus siglas en inglés son BIEN. Aquí se encuentran todas las noticias e información sobre el tema, aunque también se cita a varios expertos a lo largo de todo el artículo.

Añado este artículo de Público publicado el 23 de marzo, donde varios autores reivindican la renta básica. En esta otra web se publicó un manifiesto unitario a favor de la renta básica el día 7 de abril. Por último, recomiendo leer el artículo “Es la hora de la renta básica” en el diario El Salto. Sirve para darse cuenta de las diferencias entre una “renta mínima” y “renta básica”, dos conceptos que pueden dar lugar a dos realidades muy diferentes.

A todo esto podemos sumar la aportación del filósofo Byung-Chul Han en el artículo “La emergencia viral y el mundo de mañana”. Merece la pena retener varias de sus reflexiones. Por un lado, espero que nadie olvide lo que hoy ya podemos calificar de gran error. Me refiero a lo que el autor señala: dejar que millones de personas siguiesen cogiendo el metro y bus sin ningún tipo de medida de barrera como unas simples mascarillas. Por otro lado, debemos elegir si queremos seguir manteniendo lo que llamamos “privacidad de datos” o en algún momento dejaremos que nuestros Gobiernos de la UE tengan acceso a todo el Big Data que ya proporcionamos a empresas privadas. Conocer en este artículo el control digital que se ejerce en países como China, me ha empujado a plantearme varias preguntas. ¿Por qué no les importa ser vigilados? ¿Por miedo a desobedecer al régimen o por la supuesta comodidad del sistema? ¿Y nosotros, estamos dispuestos a que el Gobierno conozca todos nuestros gustos, elecciones y movimientos? Creo que es necesario volver a leer 1984 de George Orwell para tomar notas y pensar si queremos seguir lanzados en esa dirección.

Otro gran pensador contemporáneo que admiro, Noah Yuval Harari ha escrito un artículo en la revista Time, “In the Battle Against Coronavirus, Humanity lacks Leadership” analizando la situación desde un punto de vista histórico. Nos cuenta que el mejor remedio para luchar contra una enfermedad, virus o bacteria es la información. Apunta que existe una gran desconfianza entre países porque no existe una relación lo suficientemente sólida y solidaria entre ellos. Esto dificulta que se comparta toda la información y que incluso a veces, esta se ponga en duda. Además, añade que en estos momentos no existe un líder que marque un camino, unas medidas concretas que aplicar en todas partes. Cada país está tomando decisiones unilaterales, a su ritmo, no conjuntamente. Al mismo tiempo, Harari sugiere que todos los dirigentes están ante la oportunidad de demostrar que son capaces de anteponer los ciudadanos a cualquier interés y que están a la altura diplomática para conseguir llegar a acuerdos globales.

De nuevo en este artículo se recuerda que estamos en el mismo mundo y que todo nos afecta a todos: “There are hundreds of millions of people around the world who lack even basic healthcare services. This endangers all of us. We are used to thinking about health in national terms, but providing better healthcare for Iranians and Chinese helps protect Israelis and Americans too from epidemics”. (“Hay cientos de millones de personas en el mundo que carecen de servicios básicos de Sanidad. Esto nos pone en peligro a todos. Estamos acostumbrados a pensar sobre Sanidad en términos nacionales, pero proveer mejores sistemas de Sanidad para iraníes y chinos ayuda a proteger a israelíes y americanos también de epidemias”). Todos conocíamos el descontrol de medidas sanitarias, el maltrato y contrabando de animales (salvajes, protegidos, y muchos vivos) en los mercados de China, pero no intervinimos. Una vez más, reitero que las tradiciones no son inmutables y se pueden modificar. Admitamos que el origen de esta pandemia reside en la permisividad de todos y que todos somos responsables de ella. ¿Qué vamos a hacer al respecto?


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