• UnaLijadora

Reflexiones 7

Hoy me llama la atención un artículo en relación a la sobreexplotación y el maltrato del suelo. Se ha publicado un estudio que nos previene sobre las graves consecuencias que conllevan como la pérdida de la biodiversidad, el desequilibrio de la cadena trófica y el calentamiento de la tierra cultivada. A pesar de ello y del titular alarmante, estamos a tiempo de actuar, porque ya existen alternativas y remedios que pueden aplicarse (aunque ello implique cambios en nuestro sistema económico). Se puede y se debería reducir o prohibir el uso de pesticidas y evitar la técnica de monocultivos. En cuanto a la caza, deberíamos cuestionar su existencia y supuesta “utilidad”, ya que conlleva la pérdida de los depredadores más grandes causando un gran desequilibrio poblacional entre todas las especies.

Por otro lado, los autores del estudio recomiendan consumir menos, pero esto me hace sentir culpable y castigada. El consumidor debe sacrificarse, pero las empresas agrícolas ¿pueden seguir con sus malas prácticas, haciendo un cultivo irresponsable sin control? Pues creo que no, que debemos ir todos a una o seguiremos condenando nuestro futuro y nuestro mundo. Además, si hablamos de reducir el consumo de comida, tal vez sea hora de plantear seriamente la restricción del número de humanos que traemos al mundo.

Me gustaría comentar como una alternativa más, las nuevas técnicas de cultivo que prescinden de tierra y permiten ahorrar una gran cantidad de agua. Aunque todavía no existe una infraestructura suficiente para poder sustituir la agricultura tradicional, y su funcionamiento presenta inconvenientes como el alto consumo de energía, muchas empresas creen que es un camino a considerar y están investigando al respecto.

Si destruimos la vida que viene del suelo, no podremos comer

Cultivo vertical

Granjas de cultivo

Association for Vertical Farming


Por varios motivos siempre me resulta fascinante leer sobre la vida de las hermanas Brontë. Admito que sus obras han marcado mi vida y además una vez tuve la suerte de poder visitar el Museo que fue su casa, en Haworth (con una sola “r”). Esto me permitió imaginar intensamente sus vidas, puesto que el pueblecito mantiene toda su dureza y ha adquirido el encanto del paso del tiempo y de su historia. Es un lugar que te cautiva, aunque también te traslada a épocas anteriores y bien podríamos situarnos en el siglo XIX. Sientes la severidad de un clima adverso, las incomodidades de no tener agua corriente (pero sí un río contaminado), y la carencia de conocimiento médico-científico sobre el contagio de enfermedades del que disponemos hoy.

De todos los días del año, un día de invierno es quizá el mejor momento para adentrarse en los poemas y novelas de estas autoras. Las hermanas Brontë supieron ir y ver más allá del mundo que les rodeaba, sin dejarse intimidar por las dificultades. Y además, se atrevieron a explorar los límites de los sentimientos. Tenemos suerte de que lucharan por compartirlo con el mundo.

Las Brontë: una familia inmortal


Como siempre que alguien dimite en tiempos revueltos, nos queda la duda. La dimisión del director de la BBC llama nuestra atención y sirve como crítica y denuncia a las políticas de Boris Johnson que pretende cortar el presupuesto público para la cadena. Sin embargo, alguien a quien parece importarle la calidad de la producción, ¿no debería quedarse para procurar mantenerla, a pesar de la escasez de recursos? Sé que es difícil, pero alguien debe seguir luchando por el acceso a la diversidad de productos audiovisuales. ¿Alguien se imagina que mañana dijeran que se cierran y readaptan los museos para dar preferencia o paso libre al Museo Picasso y obras y artistas del mismo estilo únicamente? Creo que sería una condena a la pobreza cultural, artística y espiritual. Me gusta Picasso, pero necesito a Velázquez, al Bosco, a Monet, Van Gogh y a todos los demás que fueron y que serán.

Como espectadora, cuando me siento a elegir un proyecto audiovisual para el entretenimiento, no puedo evitar pensar cuál sería la mejor manera de hacerlos accesibles al mayor número de personas y cómo podríamos exigir el nivel de calidad que deseamos. Llego a la conclusión de que en lugar de haber varias plataformas de distribución audiovisual, debería existir un mero canal, que difunda las obras de todas las productoras y producciones independientes.

No me refiero a una plataforma a modo de empresa o monopolio, sino a una especie de portal online que presente la oferta completa y podamos elegir lo que queremos ver a un precio asequible, sin intermediarios netflixianos. ¿Cuántas plataformas existen? Cada vez más y se pelean por conseguir los derechos de una u otra producción, al mismo tiempo que producen no lo que pide el espectador, sino lo que obedece a unos criterios (comerciales) determinados para el propio beneficio de la plataforma difusora. ¿Cuántos abonos puede un ciudadano permitirse para ver todo lo que le gustaría? Pocos. Debe renunciar a unos contenidos para poder ver otros. Se pierde cosas extraordinarias y se traga otras de dudosa calidad.

Creo que el consumidor debería tener toda la libertad para pagar solamente lo que quiera ver y no pagar para ver la selección que un grupo de empresarios (probablemente no artistas) ha hecho. Estamos volviendo a la tele de antes cuando tenemos delante la mayor oportunidad de hacernos con el poder de decidir qué se produce. ¿Por qué tenemos que pagar por series que no veremos en la vida y no podemos permitirnos apoyar todos los proyectos que creamos que enriquecen nuestro entretenimiento? El modelo que se impone limita nuestro poder de decisión, crítica y exigencia. Sin duda debemos proteger la variedad y la calidad en los proyectos culturales que consumimos. No creo que sea buena idea dejar el material que definirá nuestra cultura en manos de plataformas privadas con un solo objetivo que no garantiza la calidad. Por este motivo, cada vez que alguien abandona el barco, me pregunto si no es hora de que cojamos el timón.

El director de la BBC Tony Hall renuncia


También cito un par de artículos sobre la Estación Biológica de Doñana, uno de los archivos de biodiversidad más importantes del mundo. En él se conservan 100.000 ejemplares, naturalizados o conservados en alcohol, de una quinta parte de las especies del planeta. Su misión según se expresa en su web es: “llevar a cabo una investigación multidisciplinar al más alto nivel, dirigida a la comprensión, desde un punto de vista evolutivo, de la forma en que se genera la biodiversidad, la forma en que se mantiene y deteriora, además de las consecuencias de su pérdida y de las posibilidades de su conservación y restauración. Inherente a todo ello, también se promueve la transferencia del conocimiento a la sociedad”.

Me gustaría que al menos parte de esta colección de especies o réplicas estuviesen expuestas, accesibles al público general. En París, Londres, Nueva York y seguramente en otras ciudades existen los Museos de Historia Natural, donde puedes acercarte a réplicas de animales que nunca podrás ni deberás tener junto a ti. Creo que es un privilegio poder apreciar y admirar los detalles de cada especie, sobre todo especies extintas que no podremos ver nunca, ni de lejos. Sin duda es una manera efectiva de promover el conocimiento, el respeto y la valoración de nuestros semejantes.

Un archivo biológico mundial Me parece especialmente espectacular el esqueleto de la ballena junto a un conservador del archivo. Somos ratones…

Estación Biológica de Doñana – CSIC


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